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Se trata de un arte muy completo y a la vez conciso. En occidente muchos de los que se aproximan a él lo hacen buscando una actividad física moderada, mantenimiento del cuerpo, porque han oído decir que es como el yoga y que va bien para la salud, etc. Otros vienen directamente de otras artes marciales para ampliar sus conocimientos, para conocer otras técnicas, etc. También hay quienes lo hacen porque está de moda, o porque les va bien el horario del gimnasio. Y no olvidemos a quienes se acercan desde la llamada “New Age”.
Quienes no proceden de otras artes marciales, poco a poco se van encontrando con que el tai-chi chuan ES arte marcial, si es que tienen la suerte de dar con buenos maestros. Entonces hay quien siente repulsa hacia este aspecto del entrenamiento por asociarlo a la violencia, ya que mucha gente ha visto películas en las que es así; o porque en ningún momento entraba en sus planes añadir algo tan (aparentemente) poco “místico”, o simplemente no les interesa. Por otro lado, la práctica de lo marcial implica un cierto contacto físico, cuestión que a muchos incomoda de forma más o menos evidente.

Hay una larga controversia sobre el tema marcial que en China no tiene sentido. Pero entre las posturas más o menos serias, también se encuentra la de quienes enfocan su línea de trabajo más hacia las cuestiones higiénicas o de salud o incluso místicas. Dentro de este campo también se puede trabajar profundamente, si se quiere, ya que el tai-chi chuan, en sí, también es un qi-gong (ver glosario) y se pueden obtener claros beneficios físicos y mentales, objetivo que no es nada despreciable. Quizás a muchos les baste así y justo es eso lo que buscan. Es altamente respetable.
Sin embargo, para conocer realmente a fondo este arte, no se puede prescindir de todas aquellas enseñanzas de las técnicas, aplicaciones, prácticas en pareja... ya que no sólo nos aportarán elementos para autodefensa –que no es poco- sino que paralelamente nos enseñaran nuevos aspectos insospechados imposibles de vislumbrar en solitario, como son el “ting jinr” o escuchar (percibir) la energía del partener, experimentarse a uno mismo con relación a otro, ampliar las nociones de “yin-yang” y un largo etc. y conocer la vertiente "marcial" de este arte, no implica en ningún momento llevarla a cabo.

Desarrollar el aspecto marcial supone acceder a una nueva dimensión, a otro nivel de experiencias y hay que enfrentar el temor a ese salto que implica también más nivel de responsabilidad, ya que la apertura que proporciona facilita que, por ejemplo, se pueda llegar a expulsar ira incontrolada que encuentra ahora este canal para su expresión, y no necesariamente volviéndonos más agresivos físicamente, sino más atrevidos verbalmente; o también que puedan hacerse manifiestos para nosotros mismos pequeños traumas, vergüenzas, prejuicios. ya que no todo el mundo alcanza la madurez ni lo hace en el mismo grado, y quien más quien menos tenemos nuestros agujeros.
Esto al fin y al cabo, no es más que una etapa, que puede resultar más o menos larga o más o menos incómoda para algunos o ni siquiera existir para otros, pero se trata de un aprendizaje rico y transformador que permite avanzar tanto en el tai-chi chuan como en la vida cotidiana y a medida que se avanza proporciona seguridad en sí mismo.
Para “convencer” a los reacios, diré que en el tai-chi chuan nunca se inicia el ataque, sino que se aprovecha la iniciativa del otro y su fuerza para devolvérsela, y que, si bien, se estudian muchas tácticas de “qin-na” mientras más se avanza hacia grados superiores más se abandonan estas prácticas para concentrarse en el arte del “fa ren” (lanzamiento por los aires), cuyo efecto no debe causar daños al partener, sino otro tipo de sensación fuerte y un gran asombro. Además el lado marcial, por lo menos en el taiji quan/tai-chi chuan ayuda a templar el carácter, a hacerse fuerte para no caer en la vanidad de querer confrontarse con nadie, ya que hay una especie de código de honor entre los caballeros marciales.

Y para terminar, recalcar que el tai-chi chuan está comprendido dentro de las prácticas para conservar la salud y prolongar la vida que ejercitan los taoístas desde antaño, siendo un complemento dinámico para la meditación estática.
Otra cuestión: el maestro. Quien se acerca por primera vez a esta actividad, no puede saber el nivel de quien le está enseñando, así que si tiene ocasión, quizás le convenga informarse bien, escuchar, ver exhibiciones, preguntar, comparar, leer libros, artículos, ver cintas de video... Aun así no es fácil tener un criterio exacto. No siempre los maestros más famosos son los mejores maestros, aunque sí muchas veces los buenos maestros son famosos. Pero si no tenemos ni idea, es mejor decantarse por lo tradicional: el linaje. Alguien que haya aprendido con un maestro con linaje no siempre es garantía de que haya aprendido bien, pero si miramos su trayectoria, sus maestros, experiencia, etc. podemos orientarnos mejor. Es cuestión de empezar y poco a poco iremos comprendiendo como movernos, por dónde y con quien.
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